Uma mensagem para as mulheres:

QUÉ PUEDES APORTAR TÚ A LA SOCIEDAD

¿Cómo bendecir a otros?

         Primero, me gustaría pediros que pensaseis en una mujer a la que admiréis y en el motivo por el cual la admiráis; una cualidad que la haga admirable. Puede ser cualquier persona: algún personaje de libro o película, alguien que conozcáis, alguien famoso…Ejemplo personal: María (Lucas 10:38-42, Juan 11:17-35; Juan 12:1-8) porque sabe escuchar y conmover el corazón de Jesús.

      Muchas de las virtudes de las mujeres están relacionadas con el ámbito de las relaciones, es decir, con la manera que tienen de relacionarse con otros/as: ternura, cariño, cuidado, amor…Pero también dentro de sus virtudes se encuentran la fuerza, el valor…son luchadoras, valientes (ejemplo personal: reina Ester). La sociedad necesita todo ese amor, sobre todo en tiempos difíciles de luchas y aflicciones. La sociedad necesita mujeres conforme al corazón de Dios, mujeres que reflejen el corazón de Dios allí a donde vayan.

      En segundo lugar, “todas las cosas existen para demostrar algo de la perfección infinita de Dios” o “Podemos descubrir, a través de las cosas creadas, las perfecciones invisibles de Dios” (Romanos 1:19-20 en dos versiones diferentes). Y tú eres un maravilloso ejemplo de ello: sea con tu misericordia, con su compasión, con tu protección y seguridad hacia otros, con tu paciencia, con tu alegría…

      Asimismo, estamos hechas a la imagen y semejanzas de Dios (Génesis 1:27-> Varón Y hembra los creó). En Génesis 2:18 Dios dice “no es bueno que el hombre esté solo”. A partir de ahí, Dios crea la “ayuda idónea”, “compañera”, “ayudadora”…En el idioma original sería “ezer kenegdo”, un concepto que, según los traductores, es muy difícil de traducir. Sin embargo, cuando aparece en otras partes de la Biblia, se refiere a cuando necesitas que Dios haga algo por ti desesperadamente. Se referiría como a una especie de “salvavidas”. Fuimos el toque final, como en una obra de arte: una música, una pintura, un edificio…sin el toque final está incompleta. Nosotras también éramos necesarias. Faltaba algo, y ese algo era la mujer. Y al morir Jesús, nosotros cogimos VALOR y pasamos a ser hijos e hijas de Dios (1 Juan 3:1).

         En tercer lugar, nosotras también estamos llamadas a ser luz-> “Vosotros sois la luz del mundo…” (Mateo 5:14). Como dice en la Biblia, nadie enciende una lámpara para esconderla en un cajón, sino para que alumbre toda la casa. Si somos luz no es para que estemos escondidas. Dios nos hizo para brillar, para iluminar a otros, para reflejar el amor y la misericordia de Dios a otros.

        En cuarto lugar, en el segundo mandamiento Dios nos dice “Amarás a tu prójimo COMO a ti mismo”. Dice COMO a ti mismo, no menos ni más sino COMO (igual a). Esto no quiere decir que seamos AMADORAS DE nosotras mismas (“No amadores de sí mismos” 2º Timoteo 3:2), ni que tengamos más alto concepto del que debemos tener (“Que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener” Romanos 12:3) ya que somos diamantes en bruto que Dios quiere pulir. Pero sí debemos amarnos y aceptarnos a nosotras mismas porque si no lo hacemos no podremos amar plenamente a los otros ya que no tendremos nada que ofrecer.

       El Salmo 139 dice “Tú me has examinado y conocido”…”me rodeaste y sobre mí pusiste tu mano”…”formaste mis entrañas y me hiciste en el vientre de mi madre” vemos que ¡ERES UNA MARAVILLOSA CREACIÓN DE DIOS! Y como todo lo que Dios creó eres PRECIOSA…”te alabaré porque formidables y maravillosas son Tus obras”. Tú eres una obra de arte de Dios. En toda la historia la mujer se ha relacionado con la belleza. Pinturas, poemas, canciones…Dios nos hizo bellas. Pero no hablo de los cánones estéticos que nos ha puesto la sociedad, sino de una belleza que se nota en el alma y en el espíritu. Una belleza reflejo de la hermosura de Dios. Dios quiere que seamos reflejo de su hermosura.  Y eso va más allá de cualquier cara bonita.  Es algo que emana del corazón y se refleja en el rostro (“el corazón alegre hermosea el rostro” Proverbios 15:13).

      En quinto y último lugar, en 1º Corintios 12 Pablo hablar de que todos somos necesarios. En el cuerpo de Cristo cada uno tiene una función. Ninguno es mejor que otro, todos son necesarios. Te invito a que pienses en algo que hagas bien. Yo tengo un amigo que es el mejor abrazador del mundo. Tiene muchos otros dones y talentos, pero cuando él no está se nota: falta su abrazo. Algo tan simple como un abrazo  o una sonrisa puede ser de mucha bendición para los demás. Piensa en una de tus muchas cualidades: ¿CÓMO PUEDES BENDECIR A OTROS?¿CÓMO PUEDES SER LUZ? No para que otros te admiren. Primeramente porque los humanos muchas veces no sabemos valorar lo que tenemos delante (por eso muchas heroínas no son valoradas hasta después de su muerte, o incluso ni eso). Segundo, porque no tenemos que buscar el agrado de los demás sino agradar a Dios (1º Tesalonicenses 2:4: Gálatas 1:10) que examina el corazón.

         Sin embargo, primero tendremos que mirar las nubes que ocultan la luz (nuestras debilidades). Cada una tiene una debilidad y cada una sabe cuál es la suya. Y, aunque bien es verdad que el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad (2ª Corintios 12:9), tenemos que entregarle todas nuestras debilidades a Dios. Nuestras inseguridades nos provocan temor, vergüenza…y eso hace que nos inhibamos, que nos hagamos cada vez más pequeñas y que escondamos la luz que hay en nosotras; la cual debería servir para iluminar a otros, no para esconderla. En una de las últimas predicaciones que escuché, el pastor hablaba de cosas que nos hacían daño y que teníamos que dejar en manos de Dios: nuestro orgullo, nuestro rencor, nuestra inseguridad…Y cuando habló de inseguridad me quedé pensando: ¿Por qué la inseguridad es algo malo? ¿Por qué tengo que entregársela a Dios? Si con la inseguridad yo no hago daño a nadie…Pero no es así. Nuestras inseguridades nos hacen daño a nosotras mismas y hace que nos escondamos de los demás y que no podamos bendecir a otros con nuestras virtudes; hacen que no podamos ser luz.

        Por todo esto debemos confiar en Dios, fijar nuestros ojos en Él, dejar nuestro camino en Sus manos (Salmo 37:5; Mateo 6:34), entregarle toda nuestra inseguridad y nuestros miedos y dejar que Él se haga cargo de ellos. Porque si “Dios es por nosotros, quién contra nosotros” (Romanos 8:31). NUESTRA SEGURIDAD DESCANSA EN EL AMOR DE DIOS, EN SU CUIDADO. “En el amor no hay temor, el perfecto amor echa fuera el temor” (1º Juan 4:18). Y así nos ama Dios. Y así también quiere ser amado y deseado. Pues Él nos hizo a su imagen y semejanza; y así como a nosotras nos gusta ser amadas y deseadas, Él también quiere eso de nosotras (el primer mandamiento es “Amarás al Señor tu Dios por encima de todas las cosas”). Por eso te invito a que le abras tu corazón a Él, a que le entregues todos tus miedos y a que le digas: “Dios, te entrego mi inseguridad para que eso no me impida ser luz a otros”.

         Para finalizar me gustaría que cada una de vosotras escribieseis en un papel una de vuestras cualidades, algo con lo que podáis ser luz. Y a que os comprometáis a ponerlo en práctica a lo largo de esta semana, de este mes, de este año…sin temores ni miedos y con seguridad en vuestro valor a los ojos de Dios.

Ester Utrilla Andrade

EM QUE VOCÊ PODE CONTRIBUIR PARA A SOCIEDADE

Como abençoar a outros?

           Primeiro, gostaria de pedir que vocês pensem em uma mulher que admiram, e no motivo pelo qual a admiram; uma qualidade que a faça admirável. Pode ser qualquer pessoa: alguma personagem de livro ou filme, alguém que você conheça, alguém famosa… Exemplo pessoal: Maria (Lucas 10:38-42, João 11:17-35; João 12:1-8) porque sabe escutar e comover o coração de Jesus.

           Muitas das virtudes das mulheres estão relacionadas com o âmbito das relações, quero dizer, com a maneira que têm de se relacionar com outros/as: ternura, carinho, cuidado, amor… Mas também dentro de suas virtudes se encontram a força, a coragem… são lutadoras, valentes (exemplo pessoal: Rainha Ester). A sociedade necessita todo esse amor, sobre tudo em tempo difíceis de lutas e aflições. A sociedade necessita mulheres conforme o coração de Deus, mulheres que sejam reflexo do coração de Deus a onde quer que forem.

         Em segundo lugar, “todas as coisas existem para demonstrar algo da perfeição infinita de Deus” ou “Podemos descobrir, através das coisas criadas, as perfeições invisíveis de Deus”  (Romanos 1:19-20 em duas versões diferentes). E você é um maravilhoso exemplo disso: seja com sua misericórdia, com sua compaixão, com sua proteção e segurança aos outros, com sua paciência, com sua alegria….

           Assim mesmo, estamos feitas à imagem e semelhança de Deus (Gênesis 1:27-> Homem e Mulher os criou). Em Gênesis 2:18 Deus diz “não é bom que o homem esteja só”. A partir daí, Deus cria a “ajuda idônea”, “companheira”, “ajudadora”… No idioma original seria “ezer kenegdo”, um conceito que, segundo os tradutores, é muito difícil de traduzir. Mesmo assim, quando aparece em outras partes da bíblia, se refere a quando se necessita que Deus desesperadamente lhe faça algo. Se referiria como a uma espécie de “salva-vidas”. Fomos o toque final, como em uma obra de arte: uma música, uma pintura, um edifício… sem o toque final está incompleta. Nós também éramos necessárias. Faltava algo, e este algo era a mulher. E ao morrer Jesus, nós ganhamos VALOR e passamos a ser filhos e filhas de Deus (1 João 2:1).

          Em terceiro lugar, nós também estamos chamadas a ser luz-> “Vós sois a luz do mundo…” (Mateus 5:14). Como diz na Bíblia, ninguém acende uma lâmpada para escondê-la em uma caixa, mas sim para iluminar a casa. Se somos luz não é para que estejamos escondidas. Deus nos fez para brilhar, para iluminar a outros, para refletir o amor e a misericórdia de Deus a outros.

          Em quarto lugar, no segundo mandamento Deus nos diz “Amarás a teu próximo COMO a ti mesmo”. Disse COMO a ti mesmo, não menos nem mais, senão COMO (igual a). Isso não quer dizer que sejamos AMANTES DE nós mesmas (“Não amantes de si mesmos” 2º Timóteo 3:2), nem que tenhamos mais alto conceito do que devemos ter (“Que não tenha mais alto conceito de si que o que se deve ter” Romanos 13:3) já que somos diamantes em estado bruto que Deus quer polir. Mas sim devemos amar-nos e aceitar-nos a nós mesmas, porque se não o fizermos não poderemos amar plenamente aos outros, já que não teremos nada a oferecer.

         O Salmo 139 diz “Tu me examinaste e conheceste”… “me rodeaste e sobre mim puseste tua mão”… “formaste meu interior e me fizeste no ventre de minha mãe” vemos que ÉS UMA MARAVILHOSA CRIAÇÃO DE DEUS! E como tudo o que Deus criou, és PRECIOSA… “te louvarei, porque formidáveis e maravilhosas são Tuas obras”. Você é uma obra de arte de Deus. Em toda a história a mulher foi relacionada à beleza. Pinturas, poemas, canções… Deus nos fez belas. Mas não falo de cânones estéticos que nos impuseram à sociedade, mas sim de uma beleza que se nota na alma e no espírito. Uma beleza reflexo da formosura de Deus. Deus quer que sejamos reflexo de sua formosura. E isso vai mais além de qualquer cara bonita. É algo que emana do coração e reflete no rosto (“o coração alegre embeleza o rosto”)

       Em quinto e último lugar, em 1º Coríntios 12 Paulo fala que todos somos necessários. No corpo de Cristo cada um tem uma função. Ninguém é melhor que outro, todos são necessários. Convido-lhe a pensar em algo que você faz bem. Eu tenho um amigo que é o melhor abraçador do mundo. Tem muitos outros dons e talentos, mas quando ele não está se percebe: falta seu abraço. Algo tão simples como um abraço ou um sorriso pode ser de muito valor para os demais. Pense em uma de suas qualidades: COMO VOCÊ PODE ABENÇOAR A OUTROS? COMO VOCÊ PODE SER LUZ? Não para que outros lhe admirem. Primeiramente porque nós humanos muitas vezes não sabemos valorizar o que temos adiante (por isso muitas heroínas não são valorizadas até depois de sua morte, ou nem isso). Segundo, porque não temos que buscar o agrado dos demais, mas sim agradar a Deus. (1º Tesalonicenses 2:4: Gálatas 1:10) que examina o coração.

         Mesmo assim, primeiro temos que mirar as nuvens que ocultam a luz (nossas debilidades). Cada uma tem uma debilidade e cada uma sabe qual é a sua. E, ainda que é verdade que o poder de Deus se aperfeiçoa em nossa fraqueza (2ª Coríntios 12:9), temos que entregar-lhe todas nossas fraquezas a Deus. Nossas inseguranças nos provocam medo, vergonha… e isso faz que nos inibamos, que nos façamos cada vez mais pequenas e que escondamos a luz que há em nós; a qual deve servir para iluminar a outros, não para escondê-la. Em uma das últimas pregações que escutei, o pastor falava de coisas que nos faziam dano e que tínhamos que deixar nas mãos de Deus: nosso orgulho, nosso rancor, nossa insegurança… E quando falou de insegurança fiquei pensando: Porque a insegurança é algo ruim? Porque tenho que entregá-la a Deus? Se com insegurança não faço mal a ninguém… Mas não é assim. Nossas inseguranças nos fazem mal a nós mesmas e faz que nos escondamos dos demais e que não possamos abençoar a outros com nossas virtudes; fazem que não possamos ser luz.

         Por tudo isso devemos confiar em Deus, fixar nossos olhos nele, deixar nosso caminho em suas mãos (Salmo 37:5; Mateus 6:34), entregar-lhe toda nossa insegurança e nossos medos e deixar que Ele se encarregue disso. Porque se “Deus é por nós, quem será contra nós?” (Romanos 8:31). NOSSA SEGURANÇA DESCANSA NO AMOR DE DEUS, EM SEU CUIDADO. “No amor não á medo, o perfeito amor lança fora todo o medo” (1º João 4:18). E assim nos ama Deus. E assim também quer ser amado e desejado. Porque Ele nos fez conforme a sua imagem e semelhança; e assim como gostamos de sermos amadas e desejadas, Ele também quer isso de nós. (o primeiro mandamento é “Amarás ao Senhor teu Deus sobre todas as coisas”). Por isso convido você a que abra seu coração a Ele, a que entregue todos seus medos e a que lhe diga: “Deus, te entrego minha insegurança para que isso não me impeça de ser luz a outros”.

Para finalizar, gostaria que cada uma de voces escrevesse em um papel uma de suas qualidades, algo com o que podem ser luz. E que se comprometam a por em prática ao longo da semana, deste mês, deste ano… sem temores nem medos, e com segurança em seu valor aos olhos de Deus.

Ester Utrilla Andrade